miércoles, 20 de mayo de 2015

N.O.S.O.T.R.O.S.

Asomada a la ventana,
dejé mis pensamientos volar
Cada fibra de mi ser,
desplegó la alas sin mirar atrás.
Y el aire me rodeó,
envolviéndome en su calma,
agitándome con su tempestad.

Recorrí las calles de Madrid de un soplido,
me posé en las cumbres de los edificios,
remoloneé por el palacio real,
inundando de recuerdos mi memoria,
con intención de mirar más allá.

Y el amor me lleno por completo,
con ese sabor a libertad.
Cuanto podía amar mi alma,
cuanto amor podría dar.
Tanto que no había palabras,
tanto que no se podía explicar,
salvo con caricias y miradas y algo más.

Susurré su nombre para mis adentros,
envuelta por completo en su perfección,
que no había sonido más precioso,
que no había palabra más preciada,
para quién solo sabe amar como yo.

Me di la vuelta un segundo,
observando lo que se quedaba atrás.
Vi las noches a su lado,
recorriendo cada centímetro al andar.
Rememoré cada abrazo,
cada vez que me sostuvo con su ser,
y sin querer evitarlo me emocioné.

Le grité a sus ojos verdes ajados,
bebiendo de ellos profundo amor
suplicando por una noche juntos más,
por un bello recuerdo que añadir,
a la larga lista que aún vendrá.

Y sin quererlo llegue al presente,
Y le besé en los labios fuerte
como queriéndole explicar
que lo mejor que podía hacer era quererle
que lo único que sabia hacer era amar
que no había noche ni día ni mundo
que ya no quedaba nada más.

Le estreché entre mis brazos
y le volví a estrechar.
Ya no me pertenecía a mi misma,
ya no era yo y ya está,
a partir de ahora, seríamos plural.