miércoles, 4 de julio de 2012

Timing

El destino jamás es justo. Estás atrapado en una corriente mucho más fuerte de lo que tú eres. Intentas nadar contracorriente, respirar hondo, pero no puedes hacer nada, te lleva sin más, como si fueras un simple trozo de papel, un pedazo de cristal frágil, fácil de romper. Y todos sabemos que aquello que se rompe nunca vuelve a estar como antes.


Sí, el destino siempre tiene la última palabra y decide que tu vida se ha vuelto aburrida, decide ponerle un poco de emoción y tu solo puedes tirarte de los pelos. Porque sientes como nunca antes lo habías hecho y sufres de tal manera que te preguntas si algún día pasará. Y pasará, pero para eso aún queda mucho tiempo.


El destino ha escrito tu historia y tú, lejos de saber que te ocurrirá solo puedes encogerte de hombros, respirar hondo y seguir nadando. No sabes hacia dónde y no tienes ni idea de cómo sabrás si has llegado, pero nadas. Porque nadar es lo único que puedes hacer.


Te has repetido a ti misma unas miles de veces que dejes de pensarlo, que no intentes hacer planes porque siempre salen mal, pero no puedes evitarlo, el plan B es lo único a lo que puedes aferrarte. Un pequeño flotador que no sirve de nada cuando el mar esta azotado por tormenta, como lo está ahora. Pero, es un flotador, de esos que dicen que salvan la vida, y aunque sepas que la tuya ya está más que perdida lo coges con todas tus fuerzas. Y te das cuenta de que ese salvador ya estaba cogido, que alguien más lo agarra al igual que tú. Pero ese no es el tipo de cosas que puedas compartir.


De nuevo la vida te ha puesto en una situación difícil. Te ha vuelto la cabeza un lío, te ha dejado desordenada y patas arriba el alma y encima tira de la única cosa a la que quieres sujetarte. Ya no puedes ni sufrir sola, ni sufrir solo por ti. Ahora hay alguien más de quien preocuparse. Pero la situación requiere medidas drásticas y ya tienes bastante con lo tuyo, así que haces lo que toda persona haría para sobrevivir: tirar más fuerte.


Y de nuevo nadas, sin dirección, como antes, pero ahora con tu dolor y el del resto del mundo en el pecho, con la angustia de saber que puede que alguien se este ahogando por tu culpa y que de salvarlo serías tú quien se ahogaría. Sigues nadando mientras ves como lo imposible ocurre y te preguntas si algún día saldrá el sol. Todos dicen que en algún momento sale, pero yo, por ahora, no lo veo por ninguna parte.


Sí, efectivamente el destino es una mierda, y te hace todo tipo de jugarretas pero sabes que así te harás más fuerte, que todo esto servirá para algo algún día. Por ahora solo sirve para dejarte sola y herida, pero quizás en un mañana lejano... Definitivamente, solo quizás.


El agua te llega por el cuello y sube a cada instante, pero tú luchas. Luchas contra ella y sabes que te ahogarás no sólo tú sino también aquellos a quienes tratas de salvar. Así que sigues nadando, intentando seguirla, dejándote llevar a regañadientes porque es tú única posibilidad de sobrevivir. 


Ya no se trata de arreglar lo roto, que es imposible, sino de esperar que los daños no sean tan graves que nada quede al final. Después, recogerás los pedazos y sabrás que sí fue para tanto, y dirás que nunca más, pero te recuerdo que eso no eres tú quien lo decide, no. Porque no eres dueño y señor de nada, porque no puedes controlar lo que pasa a tu alrededor por mucho que lo intentes. Porque la vida siempre te dejará con la boca abierta por mucho que creas haberlo visto todo. Aún nos queda mucho por vivir, pero para eso debo sobrevivir primero.

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